Ponerte como prioridad no es egoísmo, es recordar tu valor
subir tus estándares no es pedir mucho, es dejar de aceptar lo mínimo.
Vamos a iniciar con la definición de que es prioridad, esta se define como la organización interna que una persona hace de sus necesidades, metas, deseos y obligaciones, en función de su desarrollo emocional, cognitivo y social. Esta jerarquía interna influye directamente en la toma de decisiones, el comportamiento, el manejo del tiempo y el bienestar psicológico.
Saber y buscar la comprensión en el tema de las prioridades en el ser humano no siempre resulta sencillo pues esto abarca muchos aspectos por lo que nos basaremos en tres que pueden ser bastante amplios y con mucho que trabajar los cuales son el familiar, social y laboral.
Desde la perspectiva de Erik Erikson, vamos a conocer algunos puntos desde su teoría del desarrollo psicosocial. Según Erikson, el ser humano atraviesa por etapas a lo largo de su vida, y en cada una se enfrenta a un conflicto central que influye en su identidad y en las prioridades que toma en ese momento de su vida. Erikson plantea que a lo largo de la vida las personas organizan sus prioridades en función del conflicto psicosocial que predomina en cada etapa. Superar con éxito cada conflicto fortalece el desarrollo de la personalidad formando un pensamiento o creencia, que algunas ocasiones al no resolverlo genera algún tipo de bloqueo, sentimiento o estancamiento que este más adelante genera una incomodidad con cómo reaccionamos, actuamos, pensamos e incluso decidimos, por qué curiosamente llegamos a un estado de culpa por no hacer eso que pensamos y nos dejamos guiar más por la parte de que si es correcto y finalmente aquellas acciones en donde preferimos que el entorno no se incomode, mientras que nosotros vivimos en constante conflicto, por dar esa prioridad a alguien más y no a nosotros mismos.
¿Cuando aparece este sentimiento de culpa?
El ser humano constantemente se puede cuestionar sus necesidades, emociones o aquello que siente que le hace falta, y entender que esta carencia puede nacer desde la parte emocional o mental, es decir algo que sabe que necesita, pero no lo sabe comunicar, no sabe si esta bien pedirlo y sobre todo que no sienta algún tipo de culpa En muchas ocasiones vamos detrás de una aprobación o una aceptación social, donde podemos dejar de lado lo que queremos o necesitamos, pero en algún punto se rompe este círculo o patrón y comienzan los cuestionamientos sobre lo que podría hacer una diferencia en cómo me estoy sintiendo con lo que está pasando o cómo debería de abordarlo.
Más aún cuando aparecen sentimientos relacionados con el valor proporcional de lo que tu puedes ofrecer como persona en cuanto a valores, atenciones, cuidados, sentimientos, acciones, y muchas más cosas que puedan estar relacionados con la autodefinición que se tiene a nivel personal, esto entra en constante choque con ideas relacionadas a ¿Por qué no recibo lo mismo que doy? o ¡Estoy cansada de darlo todo y nunca se me reconoce! Y en algunos casos el darse cuenta que casualmente hacia la persona que lo está viviendo o sintiendo no se tiene ningún tipo de atención o consideración, constantemente aparece esta exigencia interna y propia por dar más como si fuera una necesidad de competencia por ver qué más puedo dar y en algún momento se me va a recompensar.
Cada una de estas situaciones o vivencias marcan y dejan algún tipo de experiencia o aprendizaje significativo que posterior es utilizado de manera inmediata incluso automática ante situaciones que aparecen de forma cotidiana en la vida, en dos sentidos una es hacer las cosas de manera diferente en donde no repetimos aquellas acciones que sabemos que nos llevaron a un estado de colapso por la carencia en muchos sentidos o en un caso más extremo es vivir de cierto modo en donde nunca se pueden establecer límites, parámetros, o algún tipo de mediación entre dar y buscar aquello que también se desee obtener, sentir o recibir desde parte personal y también aquello que puedo esperar del entorno sin sentir culpa.
Pero cuando es que surge verdaderamente un conflicto en el que ponemos antes a personas o situaciones que nos sobrepasan, lastiman, incomodan o molestan y cómo a partir de esto se marca un antes y un después en torno a la persona, en muchas ocasiones se puede llegar al punto de ponerse en un segundo lugar, restar importancia o grado de impacto emocional.
¿Cómo se trabaja la culpa por querer darse prioridad?
- Establecer límites claros fortalece la autoestima, fomenta el respeto propio y ajeno, y permite desarrollar relaciones más auténticas y sostenibles.
- En el ámbito terapéutico, los límites ayudan a las personas a reconocer sus necesidades y a tomar decisiones más conscientes.
- Además, entendiendo que actuar sin límites genera estrés, resentimiento y agotamiento emocional, especialmente en relaciones sentimentales o familiares.
Consecuencias al ponerse constantemente en segundo término o no priorizarse:
- Sentirse manipulada o utilizada.
- Asumir responsabilidades que no le corresponden.
- Experimentar sentimientos de culpa por decir “no”.
- Vivir relaciones tóxicas o codependientes.
- Tener dificultades para reconocer su propia identidad o deseos.
Cómo establecer límites que me permitan darme y entender que es la prioridad
El desarrollo de límites sanos requiere:
- Autoconocimiento: saber qué quiero, qué me molesta y qué necesito.
- Asertividad: comunicar los límites de forma clara y respetuosa.
- Coherencia: mantener los límites en el tiempo, sin ceder por presión externa.
- Aceptación: comprender que poner límites puede incomodar a otros, pero es parte del cuidado personal.
Un límite sano no es una barrera infranqueable, sino una herramienta flexible que se adapta a las circunstancias sin perder de vista el respeto propio.
¿Cómo es que se ve una persona que se prioriza?
Una persona que se prioriza se distingue porque cuida su tiempo y energía, sabe decir “no” cuando algo no le conviene y se trata con respeto, evitando la autocrítica excesiva. Mantiene límites sanos en sus relaciones, escucha sus necesidades físicas y emocionales, y toma decisiones alineadas con sus valores en lugar de vivir para agradar a los demás. Además, reconoce y celebra sus logros, se enfoca en su propio proceso sin compararse, y cultiva vínculos nutritivos que le aportan apoyo y bienestar. En conjunto, se muestra más tranquila, congruente y auténtica, viviendo en coherencia con lo que realmente necesita.
Los límites son fundamentales para una vida emocionalmente equilibrada y para construir relaciones saludables. Aprender a decir “no”, identificar lo que nos hace bien y comunicar nuestras necesidades es un proceso de crecimiento que fortalece la autonomía, reduce el sufrimiento innecesario y promueve el bienestar general. En el contexto actual, donde las demandas externas son constantes, los límites no son una opción, sino una necesidad para vivir con mayor consciencia y equilibrio.
Referencias:
Erikson, E. H. (1963). Childhood and society (2nd ed.). W. W. Norton & Company.
Erikson, E. H. (1982). The life cycle completed: A review. W. W. Norton & Company.
Maslow, A. H. (1943). A theory of human motivation. Psychological Review, 50(4), 370–396. https://doi.org/10.1037/h0054346
Maslow, A. H. (1954). Motivation and personality. Harper & Row.


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